OPINIÓN

Gobierno sospechoso en Argentina

Joaquín Abad | Jueves 31 de julio de 2014
En Argentina todos saben, todos comentan, como roban sus gobernantes. Y da igual. Los que sustituyan a los actuales, también robarán. Como en las repúblicas bananeras. Aunque cuando aterrizas en Buenos Aires te imaginas el Madrid de los años sesenta.

Edificios emblemáticos, muy sucios porque allí no hay política municipal que obligue a adecentar las fachadas a sus propietarios. Como no hay normativa que evite que los autos contaminen y arreglen los escapes.

En Argentina, que ahora volverá a entrar en el llamado deflaut, los gobernantes de este siglo, la asaltacunas de Cristina Fernández y antes su marido, el fallecido Ernesto Kirchner, han robado y robado mientras han sido elegidos y reelegidos. En Calafate poseen un chalé, una mansión, donde construyeron una llamada "cueva", que es una bóveda similar a las que utilizan los bancos para guardar dinero a gran escala. Porque la actual presidenta de Argentina necesita una cueva donde guarda miles de millones de divisas, de lingotes de oro, y metales raros que se lleva de comisión de las empresas mineras que explotan yacimientos en su país.

En Argentina todos saben, todos comentan como robaban la plata y utilizaba el avión presidencial para transportar en sacas los millones de millones de divisas a su mansión de Calafate. Lo ha declarado la amante del expresidente Ernesto Kirchner. Lo han declarado muchos testigos pero como los jueces son nombrados por los políticos, pues ningún juez se atreve. Ni se atreverá.

En Argentina todos saben que tras las elecciones, gane quien gane, seguirán robando. Y las elecciones las manejan a su antojo gracias a los millones de votantes cautivos. Esos que reciben ayudas sociales. Son millones de pobres argentinos que confían su documento nacional de identidad al intendente local, aquí les llamamos alcaldes, para que tramitan mensualmente las ayudas sin necesidad de molestar al votante. El intendente luego utiliza esos millones de DNI's para votar a quien le convenga, claro.

En Argentina todos creen que viven en un país moderno, democrático, cuando en realidad se trata de una república bananera del siglo XXI, donde los altos cargos son nombrados por haber sido amantes de la presidenta. En Argentina esos chismes no se ocultan. Todos saben los líos de Cristina con sus cachorros. Y claro, para robar mil millones de pesos, debe permitir que sus cachorros roben otros mil millones.

Unos cachorros, como el joven ministro de economía Axel Kicillof, cerebro de la expropiación de YPF a Repsol hace dos años, que ha vuelto a fracasar. El bocazas de Kicillof insultaba a los tenedores de fondos con los que luego pretendía negociar. Como su amada Cristina, que anuncia que no se plegará y envía a su joven cachorro a que haga el ridículo en Estados Unidos.