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Lecciones electorales

Aparte de que seamos conscientes de que la ciudadanía tiene claro que el abultado gasto del Parlamento Europeo tiene poca rentabilidad real, esas elecciones han servido para darle a los partidos institucionalizados, los dos o tres grandes, varias lecciones.
Al partido gobernante, que ha perdido nada menos que ocho escaños y varios millones de sus votos de siempre, habrá que recordarle que quien le ha dado el aviso han sido los suyos, que no entienden que en campaña y durante la etapa del iluminado Zapartero defendieran unos proyectos y llegados a Moncloa hicieran todo lo contrario. No entienden que los mismos elefantes sigan gobernando a pesar de que se les secó la imaginación. Y no entienden que la muñeca diabólica de la Moncloa salve a El País, que siempre maltrató al pepé, y se cargue al director de El Mundo, que fue quien puso a Aznar en el gobierno al sacar todos los esqueletos de Felipe González y hacerle morder el polvo. Está claro, clarísimo, que al pepé cada vez le perdonan menos su devaneos y sus mentiras, y sus Bárcenas, y sus casos de corrupción no resuelta.

En la otra esquina del bipartidismo, los socialistas de toda la vida, no han sabido frenar la caída que les produjo, con la complicidad de Alfredo el químico, la antipática Elena Valenciano y los mil limpia chaquetas que jaleaban las ideas del iluminado, toda una sarta de engaños y ocurrencias que a punto estuvieron de llevarnos a la ruina, y que han dejado a España tocada con el virus del secesionismo catalán. Zapatero se ha cargado al pesoe de toda la vida y la falta de liderazgo responsable acabará por hacerlo, como pasó con la ucedé, un residuo minorista que se lo comerán los nuevos y jóvenes líderes limpios de pecado y de pasado.

En cuanto a Izquerda Unida, me temo que tres cuartos de lo mismo. Los comunistas de siempre están siendo sustituidos por jóvenes radicales, fascistas como el Pablo Iglesias de Podemos, que ha sabido aglutinar a todos los descontentos de la siniestra tras las movilizaciones del 15M.

Porque no nos engañemos, los extremos se tocan. Y si Le Pen en Francia, que ha cosechado más de tres millones de votos de descontentos, se le considera una formación fascista, los de Podemos, en España, con más de un millón de votos radicales, también se les verá la patita fascista en sus planteamientos utópicos. Porque estos jóvenes que se dicen admiradores de la política de Hugo Chávez y Fidel Castro tendrán que emplearse a fondo para convencernos de que las políticas de ambos mandatarios no son políticas totalitarias y fascistas.

De aquí a las generales veremos milagros... muchos.
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