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El último borboneado
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El último borboneado

martes 17 de junio de 2014, 17:46h

Y es que Arturo, el actual presidente de la patronal madrileña, creía que como buen cortesano Juan Carlos evitaría que sus empresas fueran embargadas por la Hacienda Pública por impago de impuestos millonarios.

Sí, el mismo Arturo Fernández que le compraba al Rey su Maserati Quattroporte que le había regalado un jeque árabe, valorado en más de 150.000 euros. El mismo Arturo que acude a todos los saraos que organiza Zarzuela, para darle la mano a las autoridades, a los empresarios, a los que luego ofrece sus servicios. Ahora que se ve en aprietos, que sus servicios en el Congreso y otras instituciones son encargadas a la competencia, se siente vulnerable. No entienden como los perros de Montoro no paran de perseguirlo, embargándole cuentas, saldos, a pesar de haber ganado las elecciones a la CEIM. 

Porque la patronal madrileña ha quedado representada por un empresario bajo sospecha. Bajo concurso de acreedores, a pesar de haberle comprado a Juan Carlos su Maserati Quattroporte. A pesar de tener toda una flotilla de coches de súper lujo. A pesar de ser un cortesano como antes lo fue Díaez Ferran, que fue presidente nada menos que de la CEOE y que aún sigue en la cárcel. A pesar de ser un cortesano como antes lo fue Mario Conde, que acabó en la cárcel. A pesar de ser un cortesano como antes lo fue el financiero, director general del Banco Garriga Nogues, Javier de la Rosa, que también fue a la cárcel. A pesar de ser un cortesano como antes lo fue el fundador de Rumasa, José María Ruiz Mateos, al que no le valió para nada los mil millones que donó al Rey para que no fueran intervenidas sus empresas, y que también fue a la cárcel. A pesar de ser un cortesano como antes lo fue su amigo íntimo Manolo Prado, que le llevaba sus inversiones en paraísos fiscales, y que también acabó en la cárcel... Arturo, actual presidente de la CEIM a pesar de ser un empresario tocado del ala, deberá pegarse a la madera no acabe como los otros amigos de Juan Carlos. Porque este Borbón, como todos, se rodea de los que tienen fortuna, se hace amigo, muy amigo, y cuando se deslumbran en los palacios y se hacen auténticos cortesanos, y empiezan a no ser tan ricos, pues qué le vamos a hacer. Mirar para otro lado y buscar a nuevos ricos a los que pasar el cepillo.

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